La ciudad italiana de Trieste es el escenario donde Sthendal estuvo destinado como embajador en 1830, un año antes de la publicación de lo que se considera su obra maestra, Rojo y negro. Tras su paso por Trieste se enamoraría para siempre de Italia, un enamoramiento que le llevaría a enfermar y que dio lugar al síndrome que lleva su nombre.
Pero Stendhal no fue el único autor que recaló en esta ciudad, antaño parte del imperio austro- húngaro. En ella también se puede seguir el rastro de otros autores, como es el caso de Kafka, o Joyce, que llegó a Trieste para enseñar inglés y se quedaría durante años. Uno de los sitios más visitados por el autor sería el café Tommaseo, que aún se puede visitar.
Monumentos evocadores
Además del espíritu literario que se respira en cada una de sus plazas y calles, Trieste es una bella ciudad en la que se pueden visitar monumentos de gran belleza, como el Castillo de Duino, donde el poeta Rilke escribió las elegías de Duino. En su costa adyacente se encuentra el Castillo de Miramare, hecho construir por Maximiliano de Hamburgo.
El centro social de Trieste es la piazza dell' Unitá Italiana, rodeada de palacio pertenecientes al poder burgués: el palazzo de la Comuna, el palazzo de Governo y el palazzo de la compañía de Navegación Lloyd Tristino.
El visitante puede encontrar uno de los lugares más espectaculares al ascender la colina de San Giusto, al ascender por esas calles de enormes edificios con paredes desconchadas, con jardines de inquietante y rostros de piedra que guardan sus muros.
Un paseo por Trieste, la ciudad de Joyce
jueves, 24 de febrero de 2011
Publicado por
Hera Ediciones
en
8:42
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